martes, 20 de abril de 2010

Nana, experimento nº 7. Capítulo 2: Encuentro

Seguramente ya habrán dado la alarma de mi fuga, pero tengo tiempo, todavía estarán intentando que Vlad se recupere. Ya viene el autobus. Antes de subir, echo un rápido vistazo a la calle, nadie me sigue...de momento.
El autobús está casi lleno, solo quedan dos asientos, y uno de ellos está ocupado por la funda de una guitarra o un bajo. El propietario de esta tiene mi misma edad, quizá un año más. Con los cascos puestos, marca el ritmo con los pies, enfundados en unas botas estilo militar negras. Lleva unos vaqueros oscuros rotos y una camiseta desteñida de los Sex Pistols.
De repente, el autobús da un frenazo, y yo me precipito hacia el suelo.
-Oye tía, ¿estás bien?-escucho una voz cálida y levemente ronca. Levanto la cabeza y doy de lleno con la mirada penetrante del chico de antes. Me tiende la mano para ayudar a levantarme, dudo un momento, pensando en lo que pasará, pero al final la acepto, agradecida. Al rozar su suave piel con las yemas de los dedos, me quedo completamente bloqueada, y una vertiginosa sucesión de imágenes pasa rauda por mi cabeza: Una iglesia; un ataúd; y un niño que llora ante la expresión serena de su madre, que jamás despertará.
Salgo del trance y clavo mis ojos avellana en los suyos, color gris, tiene unas manchitas negras cerca del borde, lo que hace que sus ojos parezcan mucho más claros de lo que son en realidad.
-¿Seguro que estás bien?-me mira preocupado. Asiento y le lanzo mi sonrisa más radiante. Él también sonrie y aparta la funda.-¿Quieres sentarte?
-Claro.-Me acomodo a su lado. Desprende un aura de calidez impresionante, atrayente.
-Soy Lucas.-El pelo negro y ondulado le cae sobre la frente, cubriendole la nuca y parte de las orejas. Lleva un pendiente plateado en el lóbulo derecho. Me muerdo el labio, nerviosa, y doy con mi piercing de semi-aro, también en el lateral derecho. Quizá sea arriesgado decirle mi verdadero nombre, ya habrán empezado a buscarme. No pararán hasta encontrarme, lo se.
-Yo soy Nana.
-Nana...significa siete en japonés, ¿no?.-le miro sorprendida mientras asiento, es la primera vez que conozco a alguien que lo sepa, aunque, la verdad, no he conocido a mucha gente.
"Experimento nº 7", así me llamaban todos en la organización. Sonrio y cambio rápidamente de tema.
-¿Tocas el bajo?-pregunto mientras señalo la funda entre sus piernas.
-Si, ¿quieres verlo?-Asiento enérgicamente. Baja la cremallera y saca un reluciente bajo color rojo.
-¡Por mi madre! Un Fender modelo American Jazz Bass standard, con cuerpo de fresno y diapasón de arce.-Me mira, impresionado, y yo le sonrío tímidamente.-Perdona, creo que me he emocionado demasiado.- Se rie a carcajada limpia, enseñando unos dientes perfectos, y me mira con los ojos brillantes.
-Está bien, me gusta tu entusiasmo.-Me sonrojo violentamente, lo que hace que se ría aún más, me arde la cara, pero al final, acabo uniéndome a su musical risa. Cuando dominamos la risa tonta, sigue hablando.-¿Tú tocas algún instrumento?
-Nunca he tenido oportunidad de aprender.
-Siempre se tiene oportunidad para aprender algo.-Bajo la mirada, triste, y con un hilo de voz respondo.
-No siempre.-No puedo evitar acordarme de aquella pequeña y fría habitación en la que me tenían recluida, amueblada solamente con una dura cama, un espejo sucio y, gracias a Dios, un váter y una ducha con agua caliente. Para lo único que podía salir de allí, era para que me hicieran análisis de sangre y experimentos varios, o, también, cuando cambiábamos de sede.
Lucas me mira, interrogante y preocupado. Posa su mano sobre mi hombro y me da un leve apretón.
-Hey, Nana.-le miro, intentando parecer alegre, no quiero que se preocupe por mi, no quiero que sufra por mi. Se percata de que no quiero hablar del tema. Que curioso, nos acabamos de conocer y es como si lleváramos toda la vida juntos. Me revuelve mi corta y despuntada melena castaña, con dulzura.-¿Te gustaría aprender a tocar el bajo?
-¡Sí, por favor!-Me quito la chupa negra para estar más cómoda, dejando ver mi camiseta casera de Dead is the new alive. Me aliso la falda de tablas con estampado escocés y acomodo con cuidado el bajo sobre mis piernas, cubiertas con unas medias de rejilla negra bastante desgastadas.
-A ver, coloca los dedos así...-me indica mientras dirige con maestría mis manos.-y ahora pulsea con la púa la última cuerda.

Me enseña algunas notas, reímos y hacemos un poco el pavo. Charlamos sobre música, literatura y cine gore y de terror; me cuenta cosas de su padre, es neurólogo, pero tiene un horario tan cerrado que apenas está en casa, al hablar de ello baja la voz y aparta la mirada. Le abrazo con todas mis fuerzas, intentando transmitirle todo mi apoyo, al principio se queda quieto, sin saber que hacer, pero finalmente se rinde, y me devuelve el abrazo. Sonrío para mis adentros, por que ese abrazo, es precisamente el que me hace ver que hay algo más alla de las paredes grises de aquella pequeña y fría habitación.

domingo, 18 de abril de 2010

Nana, experimento nº 7. Capítulo 1: Fuga

La cálida luz del sol rebota contra los cristales tintados del coche, apoyo la cabeza contra la ventanilla, intentando impregnarme de esa calidez, pero nada. Todo lo que me rodea está frío, incluso los sentimientos de mis compañeros de viaje. Crueles, trajeados y con el ceño fruncido.
Me remuevo en el asiento trasero, incómoda. Vlad me mira con mala cara, siempre vigilante.
-Muy inquieta estás tu hoy.-Me parece que se huele algo, es condenadamente intuitivo. Suspiro y cierro los ojos.
-Llevamos tres horas viajando sin parar, estoy cansada.
-Cuando lleguemos a la nueva sede podrás descansar. Hemos puesto un poster de los Jonas Brothers en tu nueva habitación.
-¿Los Jonas Brothers?-pregunto asqueada. Llevo con ellos desde los doce años (ahora tengo dieciséis), y ni siquiera se han molestado en averiguar lo que me gusta.

Llegamos a una plaza llena de gente, es el momento. Me arremango el mitón negro de la mano izquierda, sin que nadie lo note, y agarro a Vlad por la muñeca. Al entrar en contacto con mi piel, empieza a temblar violentamente y a escupir sangre por la boca.
Me desabrocho el cinturón, cojo la mochila a mis pies y salgo disparada del coche.
Me mezclo con el gentío y corro como nunca lo he hecho, corro hacia la libertad. La gente a mi alrededor me mira de vez en cuando, pero no le dan importancia y continúan su camino.

Me escondo en el baño de una cafetería cercana, y abro mi mochila para sacar la cartera. 65 Euros, eso es todo lo que llevo. Todo lo que he podido robar de la antigua, y ahora abandonada, sede. Espero que dé para algo de comida y un billete de autobús a Zaragoza.

viernes, 9 de abril de 2010

Nana, experimento nº 7. Prefacio.

El rojo se extiende sobre el blanco, ensuciando su pureza.
La solitaria bombilla que pende del techo parpadea, presa de los altibajos en la red eléctrica, provocados por la máquina de electroshock que me tortura. Aprieto los dientes, preparada para otra descarga. Grito con todas mis fuerzas, intentando expulsar el lacerante dolor que me quema por dentro. Clavo las uñas en la camilla a la que me tienen atada hasta casi romper el cuero. Las lágrimas resbalan por mis mejillas, ya no aguanto más, creo que me voy a desmayar.
Vlad me muestra su macabra sonrisa, se que está disfrutando con esto. He causado muchos problemas a la organización, y lo que me están haciendo ahora, es poco con el castigo que él tenía planeado para mí.
Lucas está tirado en el suelo, a mi lado. El cabrón de Vlad ha mandado colocar un espejo en el techo para que, como dijo él, pueda acompañar a mi Romeo en sus últimos minutos.
Lucas lucha contra los débiles latidos de su corazón, que se empeñan en desaparecer. Su reflejo me sonríe, intentando transmitirme todo lo que siente con una sola mirada. Pero no puedo dejar de mirar con impotencia, como su sangre se extiende sobre el blanco mármol.
No puedo dejar de pensar, que si no me hubiera acercado a él en aquel viejo autobús, ahora
Lucas no estaría a punto de morir.