Me apoye en la dura y fría pared de roca grisácea, que se extendía a lo largo de aquel interminable lugar, secándome el sudor de la frente con el dorso de mi temblorosa mano. El improvisado vendaje de mi pierna estaba empapado con la sangre del profundo corte que me había hecho en la rodilla con anterioridad, en los alrededores del Lago Sâfis. Llevaba caminando mucho tiempo, estaba agotada y, para que ocultarlo, muerta de miedo. Miré de reojo la entrada de la cueva que se abría en la pared, a escasos metros de mi, infestada de huesos y manchas de sangre seca. Tragué saliva.
Saqué una tiza blanca de mi mochila, para dibujar sobre la pared una flecha en sentido contrario al que me dirigía, marcando así el camino de vuelta. Al posar la tiza sobre la piedra, esta se partió en dos, una mitad quedo en mi mano y la otra cayó al suelo. El sonido del choque retumbó por el lugar, provocando lo que yo evitaba en aquel angustioso territorio para no ser descubierta. Ruido.
Un atronador gruñido gutural salió de la cercana cueva, estremeciendo cada célula de mi cuerpo. Me giré con lentitud, mirando fijamente las tinieblas que emanaban de la caverna y esperando lo peor. El suelo empezó a temblar bajo mis pies, y ante mi apareció un monstruo. Centelleantes escamas cubrían su gigantesco cuerpo; miles de estrías surcaban sus amarillentas garras; sus afilados y ponzoñosos colmillos chorreaban saliva, ácida y corrosiva. Volvió a gruñir, aspirando aire, deleitándose con el olor de mi sangre.
Quería gritar, pero mis cuerdas vocales parecían haberse paralizado por el miedo, aunque, ¿de que me serviría chillar ahora?, nadie que pudiera ayudarme me escucharía en este desamparado lugar, estaba sola.
El mounstro flexionó sus patas traseras, preparado para saltar, y con fiereza, se abalanzó sobre mí.
1 comentarios:
No, a pesar de lo que pueda parecer a causa del título, NO VA DE VAMPIROS.
Publicar un comentario